Lo intenté, de verdad que lo hice, pero al final el resultado fue el mismo y no logré escaparme. Me ha sucedido lo que tanto temía y me dejé envolver por las mismas acciones, los mismos lugares, las mismas frases y hasta las mismas comidas. Caí, lo sé. De poco sirvió mantenerme atento a señales de aburrimiento y repetición, la rutina me atrapó y ahora, justo depués de tomar mi abrigo para salir de la redacción y bajar 7 pisos en elevador, doblar a la izquierda en una leve desviación que me permite comprar un panqué con moras azules y luego continuar caminando hacia el departamento que rento desde hace un par de años, justo después de eso me di cuenta que es lo mismo que suelo hacer cada vez que mi jornada laboral concluye entre 8 y 9 de la noche.
"Claro que no siempre es igual", me decía para evitar darme cuenta. Era sólo una manera de esconder que lo cambiante simplemente era a veces un panqué de sabor distinto, o ni siquiera había panqué, que caminaba por Independencia en lugar de hacerlo por Norte 24, o que usaba chamarra en lugar de abrigo. ¿Rutina? ¡jamás! Algunos días escribo sobre conciertos de rock en grandes escenarios como el Teatro Metropolitano o la Arena Nacional y otros, sobre tocadas indie en bares pequeños, es más hay días que me dedico exclusivamente a pensar en el contenido de mi columna casi sin escribir. ¿Rutina? Esto no puede llamarse así, hay días que cambio el peinado y no todos los sábados por la mañana me dedico a lavar, también destino uno que otro domingo a eso. ¿Rutina? ¡que bah! si hago el súper cualquier día que se me antoja, siempre que no sea quincena, ni domingo, ni lunes porque están muy llenos, ni cada dos jueves porque es día de dominó, ni viernes porque ese día da flojera. ¿Rutina? Sí, inevitablemente caí en ella y ahora muy a mi pesar no sé cómo salir.