Hola, desde el centro del país, muy cerca de donde se inició la guerra por la independencia del imperio español les escribo. No es que físicamente siga allá, simplemente trasladé mi mente a ese fin de semana en el bajío que tenía por misión saber y relatar un poco sobre una bellísima ciudad que se desquicia por un festival.
Vestigios de una inundación, túneles, callejones, historia y tradición que late y se siente por las calles, que entra por las pupilas. Fiesta, música, ritmos, culturas, historias que se cuelan por los oídos.
De la Ciudad de México a la Ciudad de México que incluye a su Ciudad Satélite y de ahí a la Ciudad de México que incluye al resto de si misma aunque ya es otra entidad federativa, y luego a la Ciudad donde se promulgó la constitución que nos rige y que se identifica por un gran acueducto; de ahí a la ciudad destino de este viaje donde el Santo protagonizara una encarnizada lucha contra las momias, pasando a penas por el costado de una ciudad industrial (con refinería y toda la cosa) y otra de corte más cajetero. Lluvias intensas que se desvanecen de repente y de repente vuelven a aparecer.
Carretera de bellos y trágicos recuerdos; tensión, un espejo parchado, llamadas telefónicas y solo un conductor. El golf que no ha sido muy bien tratado nos traslada y aloja, nos permite que llenos de ilusión escuchemos el bonus disc de un viaje de quince años protagonizado por cuatro músicos de lo más grande que ha dado esta tierra y que se hacen llamar Café Tacvba. Una parada pasando la refinería de petróleo y una de las herramientas del golf presta su ayuda a otro auto.
Volvemos al auto y desde este momento no nos queda duda que ya no solo será nuestro transporte sino también nuestro hotel. No podíamos perdernos esta experiencia.
La ciudad vista y escuchada desde las alturas es impresionante, dejamos nuestra habitación de cuatro ruedas para internarnos en el laberinto de callejones, ritmos e historia(s). Damos un par de recorridos y entramos a un lugar de música cubana. Baile, charla, que cansado es esto de viajar. Salimos, entramos a otro sitio y luego volvemos al golf. A la mañana siguiente descendemos en él para instalarlo en lo que será su hotel, un estadio de baseball. Salimos de nuestra habitación que ahora se encuentra instalada en la suya para recorrer la ciudad.
Subidas, bajadas, desayuno, caminata, un museo, salas, pinturas, mapas, utensilios y más mapas. Murales, sellos, ventanas, iglesias, terrazas, mercados, recuerdos, playeras, pulseras, enchiladas mineras con pollo, quesadillas de queso, concierto cancelado por Belle & Sebastian, más calles y fotos, vuelta al hotel que yace en un estacionamiento campamento que habita esta ciudad. Descansamos para poder seguir más tarde.
Una vez más salimos, caminamos sin prisa y a la expectativa, muy bien, nos topamos una batucada, la tarde pinta alegre y la noche promete. Seguimos avanzando, esta vez hay mucha más gente, vuelta a la plaza, un grupo de rock pesado, un par de grupo pro-pumas. La caminata sigue, definitivamente esto pinta muy bien, hemos hallado un trovador, hacemos otro alto y nos permitimos escuchar con atención y de repente recuerdos a mi mente y no puedo evitar cerrar los ojos para cantar destapa el champagne, apaga las luces, dejemos las velas encendidas y afuera las heridas, ya no pienses más en nuestro pasado, hagamos que choquen nuestras copas y pienso en que ella no está y que aunque no es su estilo seguramente también disfrutaría estar bajo el cielo de Guanajuato, en octubre por habernos encontrado seis años después, con una de esas lunas de las que dicen son las más preciosas y porque puedo mirar el cielo, besar tus manos, sentir tu cuerpo, decir tu nombre ¿sonriendo? tal vez, ¿mirándome? es más probable y las caricias serán la brisa que aviva el fuego de nuestro amor ¿cantando? no, eso si no puedo ser luz de noche, ser luz de día, frenar el mundo por un segundo y que me digas cuanto querías que esto pasara una vez más en fin, la melodía llegaba a su fin pero no se llevaba el recuerdo ni el momento vivido mientras duró y otra vez más.
Tiempo de continuar con el recorrido, es el turno del fuego y de practicar uno de los idiomas aprendidos, éxito pero luego se agota el vocabulario y la lengua materna entra al rescate. Nuevamente a caminar, la pila de la cámara se ha agotado y no nos queda más que fotografiar con nuestros ojos y almacenar lo captado en nuestros corazones y mentes.
El día ha sido largo y cansado, una rodilla comienza a quejarse, momento de parar. Buscamos alguna pastilla para que el dolor se desvanezca, es complicadísimo realizar una compra en medio de tanta gente. No surte el efecto deseado y seguimos intentando caminar, pero fallamos, debemos descansar, no es suficiente y Keil decide regresar al hotel. Lo acompaño por un taxi y luego vuelvo, continuo el caminar por la calles, sin saber que buscar o que hacer, simplemente recorro observando los estrechos caminos. Tiempo después decido tomar un descanso también y recorro el tramo que me separa del golf.
Una noche más en el interior del vehículo que nos sirve de cama, una ducha y a desayunar, compramos dulces y recuerdos y volvemos, el hotel abandona el lugar que le dio alojamiento y después se interna en los túneles de la antigua mina para salir con dirección a la capital del imperio azteca. Paseo por la orilla de la ciudad de las fresas y luego paramos a comprar discos en otra bella ciudad, en la del acueducto. Volvemos a casa cansados y contentos, el festival ni la ciudad ya no nos son desconocidos.
-----
Enanitos Verdes – Luz de día