lunes, octubre 30, 2006

La vida vista desde el interior de un golf en el interior de un estadio en el interior de una antigua mina

Hola, desde el centro del país, muy cerca de donde se inició la guerra por la independencia del imperio español les escribo. No es que físicamente siga allá, simplemente trasladé mi mente a ese fin de semana en el bajío que tenía por misión saber y relatar un poco sobre una bellísima ciudad que se desquicia por un festival.


Vestigios de una inundación, túneles, callejones, historia y tradición que late y se siente por las calles, que entra por las pupilas. Fiesta, música, ritmos, culturas, historias que se cuelan por los oídos.


De la Ciudad de México a la Ciudad de México que incluye a su Ciudad Satélite y de ahí a la Ciudad de México que incluye al resto de si misma aunque ya es otra entidad federativa, y luego a la Ciudad donde se promulgó la constitución que nos rige y que se identifica por un gran acueducto; de ahí a la ciudad destino de este viaje donde el Santo protagonizara una encarnizada lucha contra las momias, pasando a penas por el costado de una ciudad industrial (con refinería y toda la cosa) y otra de corte más cajetero. Lluvias intensas que se desvanecen de repente y de repente vuelven a aparecer.


Carretera de bellos y trágicos recuerdos; tensión, un espejo parchado, llamadas telefónicas y solo un conductor. El golf que no ha sido muy bien tratado nos traslada y aloja, nos permite que llenos de ilusión escuchemos el bonus disc de un viaje de quince años protagonizado por cuatro músicos de lo más grande que ha dado esta tierra y que se hacen llamar Café Tacvba. Una parada pasando la refinería de petróleo y una de las herramientas del golf presta su ayuda a otro auto.


Volvemos al auto y desde este momento no nos queda duda que ya no solo será nuestro transporte sino también nuestro hotel. No podíamos perdernos esta experiencia.


La ciudad vista y escuchada desde las alturas es impresionante, dejamos nuestra habitación de cuatro ruedas para internarnos en el laberinto de callejones, ritmos e historia(s). Damos un par de recorridos y entramos a un lugar de música cubana. Baile, charla, que cansado es esto de viajar. Salimos, entramos a otro sitio y luego volvemos al golf. A la mañana siguiente descendemos en él para instalarlo en lo que será su hotel, un estadio de baseball. Salimos de nuestra habitación que ahora se encuentra instalada en la suya para recorrer la ciudad.


Subidas, bajadas, desayuno, caminata, un museo, salas, pinturas, mapas, utensilios y más mapas. Murales, sellos, ventanas, iglesias, terrazas, mercados, recuerdos, playeras, pulseras, enchiladas mineras con pollo, quesadillas de queso, concierto cancelado por Belle & Sebastian, más calles y fotos, vuelta al hotel que yace en un estacionamiento campamento que habita esta ciudad. Descansamos para poder seguir más tarde.


Una vez más salimos, caminamos sin prisa y a la expectativa, muy bien, nos topamos una batucada, la tarde pinta alegre y la noche promete. Seguimos avanzando, esta vez hay mucha más gente, vuelta a la plaza, un grupo de rock pesado, un par de grupo pro-pumas. La caminata sigue, definitivamente esto pinta muy bien, hemos hallado un trovador, hacemos otro alto y nos permitimos escuchar con atención y de repente recuerdos a mi mente y no puedo evitar cerrar los ojos para cantar destapa el champagne, apaga las luces, dejemos las velas encendidas y afuera las heridas, ya no pienses más en nuestro pasado, hagamos que choquen nuestras copas y pienso en que ella no está y que aunque no es su estilo seguramente también disfrutaría estar bajo el cielo de Guanajuato, en octubre por habernos encontrado seis años después, con una de esas lunas de las que dicen son las más preciosas y porque puedo mirar el cielo, besar tus manos, sentir tu cuerpo, decir tu nombre ¿sonriendo? tal vez, ¿mirándome? es más probable y las caricias serán la brisa que aviva el fuego de nuestro amor ¿cantando? no, eso si no puedo ser luz de noche, ser luz de día, frenar el mundo por un segundo y que me digas cuanto querías que esto pasara una vez más en fin, la melodía llegaba a su fin pero no se llevaba el recuerdo ni el momento vivido mientras duró y otra vez más.


Tiempo de continuar con el recorrido, es el turno del fuego y de practicar uno de los idiomas aprendidos, éxito pero luego se agota el vocabulario y la lengua materna entra al rescate. Nuevamente a caminar, la pila de la cámara se ha agotado y no nos queda más que fotografiar con nuestros ojos y almacenar lo captado en nuestros corazones y mentes.


El día ha sido largo y cansado, una rodilla comienza a quejarse, momento de parar. Buscamos alguna pastilla para que el dolor se desvanezca, es complicadísimo realizar una compra en medio de tanta gente. No surte el efecto deseado y seguimos intentando caminar, pero fallamos, debemos descansar, no es suficiente y Keil decide regresar al hotel. Lo acompaño por un taxi y luego vuelvo, continuo el caminar por la calles, sin saber que buscar o que hacer, simplemente recorro observando los estrechos caminos. Tiempo después decido tomar un descanso también y recorro el tramo que me separa del golf.


Una noche más en el interior del vehículo que nos sirve de cama, una ducha y a desayunar, compramos dulces y recuerdos y volvemos, el hotel abandona el lugar que le dio alojamiento y después se interna en los túneles de la antigua mina para salir con dirección a la capital del imperio azteca. Paseo por la orilla de la ciudad de las fresas y luego paramos a comprar discos en otra bella ciudad, en la del acueducto. Volvemos a casa cansados y contentos, el festival ni la ciudad ya no nos son desconocidos.


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Enanitos Verdes – Luz de día

domingo, octubre 29, 2006

No, auténtico [parte 2 de 2]

es mi ilusión volver a verte

sigo esperando esa suerte


cuando a la noche me acuerdo de ella

cierro los ojos y veo las estrellas

se hace profundo mi sentimiento

y yo me muero por volverla a ver


Otro día de trabajo, aguacero en la gran Tenochtitlan y el tráfico se pone pesado, atravesar la ciudad para ir a un cumpleaños.

Veinte son los años que se celebraran en el domo de cobre del oriente de la ciudad conocido como el Palacio de los Deportes. Llegué tarde pero a tiempo para escuchar a la Bersuit Vergarabat y verlos en pijama bailar y cantar sus piezas que son de lo más variado. Un “perro amor explota” y las gargantas también; “qué linda que estás, sos un caramelo” y las manos se agitan y los ojos se entornan; “o a su amigo el presidente no le dejen ni los dientes porque fox / menem se lo gana y no hablemos de… ¿y si no el sistema qué? … tranzan, todos mienten…” y el inmueble tiembla.

Cambio de instrumentos, los festejados vendrán a escena pero en el intermedio me percato que estoy al lado de la porra de las gallinas, que desagradable, momento de moverse, no hay tiempo, son ellos, los Auténticos pisan el escenario y la fiesta regresa “¿Cómo me voy a olvidar de aquel encuentro, de esa saliva?” y todos saltamos, y los que pueden bailan, no soporto más, necesito liquido vital y espacio. ¿Y el atuendo rojo de su última presentación en México? Cambió, ahora vienen de azul, pero tienen más tiempo para festejar, para compartir, para transmitir ese gusto que se les nota en el escenario y hacer a todos sentir el ritmo. Vienen a confirmar que son el más grande grupo tropical que tiene el rock argentino, o el más grande grupo rockero que tiene el ska de aquel país, o lo que sea que sea su ritmo pero que en eso son los mejores.

Destruido, más que muerto abandono el inmueble todavía bailando, e imaginando si habrá una “diosa, de pelo negro y piel morena” con quien compartir “el cielo, que lindo el cielo” antes de que “me preocupe que la pueda perder”, “a ratitos ya la empiece a extrañar” y “necesite que se acerque a mi para sentir el calor de su cuerpo”.



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Los auténticos decadentes – Como me voy a olvidar

¿Decadente? [parte 1 de 2]

Yo no quería una vida normal

no me gustaban los horarios de oficina

mi espíritu rebelde se reía del dinero, del lujo y del confort

y tuve una revelación

ya sé que quiero en esta vida

será la música mi techo y mi comida



El fin de semana empezó temprano; viernes 27 de octubre de 2006; 02:03 la hora del centro de México; abordando un clio color azul marino en las afueras del Hard Rock Live; tarareando
you really got me goin’ de los kinks, canción con la cual los Bunkers habían hecho terminar la larga serie de eventos vividos hasta antes de su presentación casi privada la noche del día anterior.

Esta vez hay dos líneas de acción, la primera y más larga hasta antes de la canción mencionada en el párrafo anterior no me corresponde, pero estoy encargado de contarla, así que aquí vamos (sí, vamos, yo a contar, tú a leer y la protagonista a revivirlo).

Jornada laboral terminada, poco trabajo pendiente y sin embargo se gasta unos minutos más en salir. Camina lento hacia su auto, se acomoda de manera extremadamente pausada, lo enciende y piensa en la ruta más concurrida hacia su destino, la elige y la toma. Por primera vez en muchos días no le molesta el tráfico, es más, hasta parece agradecerle.

Arriba a la zona donde se llevará a cabo el toquín que espera presenciar, busca algún estacionamiento y después de varias vueltas entra al del lugar donde minutos más tarde pide una cerveza, sale y en la puerta de al lado escucha las pruebas de sonido, se emociona al pensar que escuchará al nuevo grupo chileno en unas cantas horas, sí, horas todavía, que mal que tenga que esperar tanto. Un par de mensajes y llamadas y las líneas de acción se intersectan, momento de cambiar de protagonista.

Se acerca la hora de salida y comienza la junta de revisión, el análisis y el trabajo hechos durante días puestos a prueba. Se alarga la junta, surgen ideas, cambios, comentarios y al final el veredicto es satisfactorio “van bien, tomen en cuenta las recomendaciones hechas”. Sale y acude al lugar acordado, saludo, un par de frases y la elección es un sándwich y un rollo de canela, charla, paseo para seguir haciendo tiempo y finalmente entrar, salir y formarse afuera del lugar mientras comienza a llover.

El evento no da inicio, al menos musicalmente. Pasan un par de horas y se presenta la primera agrupación, nada del otro mundo, aburrido. Turno del segundo conjunto musical, la noche va mejorando, la gente se prende un poco, pero todos siguen esperando a los chilenos. Tarde, ya muy tarde, comienza el verdadero show, cover (muy bueno por cierto) seguido de canciones con las que están venciendo las fronteras de los Andes y el desierto de Atacama. Tres y a veces dos guitarras, un bajo, una batería, dos vocalistas que se alternan, en ocasiones pandero u órgano dan el ritmo a esta agrupación. Que chido tocan, sí, valió la pena todo el tiempo de esperar. Salida, ¿ya viste la hora?, mañana hay que ir a trabajar, voy a estar muerto, yo también.

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Los auténticos decadentes – La guitarra

domingo, octubre 22, 2006

Mejican gozadera

Cuando voy a un concierto no es simplemente para ver al artista que se presenta (si solo quisiera eso pues busco una foto o veo algún video), voy esperando una versión distinta, compartir con alguien lo que transmiten las personas del escenario, un momento memorable, el sentimiento transmitido directamente sin tener de intermediario un disco, algo que haga valer el boleto.

La música electrónica no es precisamente lo que llamaría mi estilo, pero tanto el IMS como Nortec resultaron ser buenísimos en el escenario, hacen que su música se sienta y disfrute; conectan bastante con el público, o al menos lo hicieron esta vez. Kinky, por su parte, es uno de esos grupos de los que puedo decir “me gusta” sin que eso represente que quisiera tener uno de sus discos o verlos seguido, porque aunque me gustan de verdad no alcanzan ese sitio de los preferidos como para que pague un boleto cada vez que se presenten, y definitivamente no compraría uno de sus discos porque su “encanto” radica en escucharlos en vivo, son mucho mejores sobre el escenario que en un estudio de grabación (quizá su personalidad y energía es algo que no se transmite mas que estando en el mismo recinto que ellos).

La primera vez que escuché a los Amigos invisibles fue en un festival Vive Latino y me gustó tanto su actuación que desde ahí empecé a seguirlos. Desde esa fecha hasta la última ocasión que tuve oportunidad de verlos han pasado cuatro discos y la verdad es que esa ampliación de su repertorio, la experiencia adquirida, el lugar menos disperso y el ambiente propiciaron que me gustaran aun más.

Este tipo de conciertos son los que se quedan en la memoria (y el corazón) por la carga de conexión y emotividad, porque la música llega, porque hay con quien recordarlo, porque las ejecuciones son magnificas, porque las variaciones y la combinación y el sentimiento superan lo antes escuchado y visto. Sin duda el Play 2006 entra a mi lista de favoritos acompañando a:

Café Tacvba

(15 aniversario)

7 de octubre de 2004

Palacio de los deportes

Babasónicos

6 de septiembre de 2006

Auditorio nacional

Fabulosos Cadillacs

(último concierto en México)

28 de abril de 2002

Foro sol

domingo, octubre 08, 2006

"oiga, me da la banca de vaca por favor, para llevar"

- creo que fue el mejor momento porque lo viví sabiendo que esa banca era tuya y mía y que alrededor había nadie

- porque te veías a gusto, tranquilo, platicándome como te sentías

- y que ese momento se iba a quedar en mí y en ti, y el compartirlo era único, aunque no volteara a verte y solo hablara sin de verdad esperar que me escucharas y te escuchara sin de verdad esperar que me hablaras

- sí, solo éramos tú y yo

- debí haberla comprado, ¿verdad? lástima que no la vendían


poesía, milagros, encuentros

“La poesía es esperar a los milagros de los encuentros”

Serge Pey

De ser así, a este paso terminaré por ser poeta de medio tiempo y es que todo el tiempo estoy alerta, casi en estado de espera por el milagro del encuentro que eso sería mucha poesía, pero por otro lado los milagros se dan a cada rato y eso reduce las esperas, las equilibra.

¿Esa poesía se busca de manera conciente?, ¿esperar a los milagros de los encuentros es como buscar el encuentro, desear que se dé? Saber que este mundo es tan pequeño y cuando menos lo imaginamos en una calle, en una fiesta, en el transporte, en un concierto, en donde sea nos topamos a quién menos imaginamos pero que en el fondo esperábamos encontrar nos hace poetas (aferrándonos a esta cita que hago de Pey). Vamos escribiendo versos que no llegan a convertirse en sonetos porque el Destino nos concede un milagro de vez en vez. Ciclos sin cerrarse que se van convirtiendo en un espiral continuo hasta que nos volvamos poetas de tiempo completo (que feo quedarse esperando por siempre) o dejemos de escribir por encontrar o ya no esperar.