es mi ilusión volver a verte
sigo esperando esa suerte
cuando a la noche me acuerdo de ella
cierro los ojos y veo las estrellas
se hace profundo mi sentimiento
y yo me muero por volverla a ver
Otro día de trabajo, aguacero en la gran Tenochtitlan y el tráfico se pone pesado, atravesar la ciudad para ir a un cumpleaños.
Veinte son los años que se celebraran en el domo de cobre del oriente de la ciudad conocido como el Palacio de los Deportes. Llegué tarde pero a tiempo para escuchar a la Bersuit Vergarabat y verlos en pijama bailar y cantar sus piezas que son de lo más variado. Un “perro amor explota” y las gargantas también; “qué linda que estás, sos un caramelo” y las manos se agitan y los ojos se entornan; “o a su amigo el presidente no le dejen ni los dientes porque fox / menem se lo gana y no hablemos de… ¿y si no el sistema qué? … tranzan, todos mienten…” y el inmueble tiembla.
Cambio de instrumentos, los festejados vendrán a escena pero en el intermedio me percato que estoy al lado de la porra de las gallinas, que desagradable, momento de moverse, no hay tiempo, son ellos, los Auténticos pisan el escenario y la fiesta regresa “¿Cómo me voy a olvidar de aquel encuentro, de esa saliva?” y todos saltamos, y los que pueden bailan, no soporto más, necesito liquido vital y espacio. ¿Y el atuendo rojo de su última presentación en México? Cambió, ahora vienen de azul, pero tienen más tiempo para festejar, para compartir, para transmitir ese gusto que se les nota en el escenario y hacer a todos sentir el ritmo. Vienen a confirmar que son el más grande grupo tropical que tiene el rock argentino, o el más grande grupo rockero que tiene el ska de aquel país, o lo que sea que sea su ritmo pero que en eso son los mejores.
Destruido, más que muerto abandono el inmueble todavía bailando, e imaginando si habrá una “diosa, de pelo negro y piel morena” con quien compartir “el cielo, que lindo el cielo” antes de que “me preocupe que la pueda perder”, “a ratitos ya la empiece a extrañar” y “necesite que se acerque a mi para sentir el calor de su cuerpo”.
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Los auténticos decadentes – Como me voy a olvidar
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