Parecía sólo otro concierto; la primavera está por culminar en Tenochtitlan y el verano asoma cada vez más, tarde cálida con viento fresco en el hipódromo, nuevo escenario para la banda. Un buen motivo y pretexto para esta nueva reunión, todo armonía, como siempre, pero el curso de la noche cambió haciendo más especial e inolvidable todo. Detrás de las nubes Tlaloc escuchaba con atención, y una frase de la canción compuesta por Cerati y que los mexicanos le dedicaban para su recuperación dio forma a su plan: “nadie puede venir a rescatarnos, estoy muriéndome de sed”. La puesta en marcha aguardó al momento aquel en que las voces se fundían:
Agua para limpiar las heridas, que antes de sanar debo exponer. Agua para arrastrar la inmundicia, que se ha acumulado sin querer.Agua para alimentar el árbol, que un día su fruto nos dará. Agua no me faltes este año, dentro de tu ciclo quiero estar.Y con agua clara saciaré la sed que a mí me persigue. Y con agua clara brindaré porque hoy estamos juntos otra vez.
El dios mexica desató su furia para probar la lealtad de los asistentes, pero principalmente de la banda sobre la cual dejaba caer sus latigazos de lluvia y granizo a manera de reclamo por haber engalanado el oído de extranjeros y dioses rivales, por elegir como escenario un lugar donde las bestias traídas por los invasores españoles son alabadas, por no tener otra manera de decirles “como los extraño, me falta tooodo en la vida si no están”. Y luego de enfurecerse y descomponer bocinas y pantallas, no pudo más que llorar sin cesar hasta quedar exhausto y hacer una pausa en medio de su infinito dolor al escuchar la canción que sin duda más le hiere, para luego llorar de nuevo, esta vez de arrepentimiento por haber pensado mal de sus hijos y luego de alegría por tenerlos de vuelta. La banda le correspondía al dios y no dejaba de tocar, los asistentes que permanecían hacían lo propio y se entregaban al goce demostrando ser capaces de bailar por su cuenta con la banda cafecitos, con la banda tacvbitos, sin tener que ir a New York para ver allá que pasa, enamorándose de las morras de la secu veintitrés, dando su amor en un concierto bajo la lluvia, rifándose y bailando tibiritabara, estando a su lado, nunca dejándolos solos, quedándose otra vez hasta el final cuando se recogen ya los vasos rotos…
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