Tan despejado y luminoso que, de no ser por el frío viento y algunas grises nubes amenanzantes de lluvia que se asoman por las montañas que rodean el valle, se podría olvidar que es invierno. Tan relajado y apacible que no parece un día laboral. Así resultó el inicio de este día, como un buen presagio para los que le seguirán y cuyo propósito de agradecimiento múltiple relataré luego.
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