Ya sé que "de las lunas, la de octubre es más hermosa"; sin embargo, "siguiendo La Luna no llegaré lejos". Y a pesar de saberlo, voy llorando una cascada, como sólo puedo hacerlo [por] mi Luna. Me resulta inevitable cambiar el rumbo por más que la razón me lo repite "siguiendo La Luna no llegarás lejos".
De alguna manera me acostumbré tanto a seguirla que ya no sé andar de noche sin su luz guiadora. Los navegantes solemos depender de algo suficientemente visible como para saber a dónde ir, y aun no encuentro alguna estrella que cumpla esa función. Me he quedado quieto sin izar velas ni remar, a la espera de que a la noche siguiente me alcance en el punto del mar donde sigo para decirme "esta noche cambiaré, te juro que cambiaré..." y contestarle lo que ya sabe: "por ti yo bajaría el Sol o me hundiría en el mar, yo todo lo doy por tu beso imposible", y pedirle "déjame abrazarte, déjame besarte; Luna, no me abandones más, dame solo un beso que me alcance hasta morir", pero es en vano porque no volverá.
No pretendan forzarme a seguir navegando, aun no. Les prometo que lo haré, y sé muy bien que será casi sin darme cuenta. Incluso ya lo venía haciendo, pero algo me ha hecho percatarme que lo hacía sin dirección y la vacilación me forzó a parar, a voltear al cielo y darme cuenta que de ahora en adelante voy a un rumbo desconocido y sin guía, sin estar listo. Algún día, casi a las cuatro de la madrugada, sabré que ha llegado el tiempo y tomaré el valor de avanzar sin seguir la luna.
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